LA RE-PROTECCIÓN A LOS TURISTAS
HACE YA COMO OCHO MESES ATRÁS se vio con mucha gracia y sobresalto, que una nueva institución de los Estados Unidos de Norteamérica, ante la inminente afluencia de turistas, provenientes de su patria a nuestro suelo, en época de navidad y de año nuevo, había recomendado no viajar a ciertos puntos (o con más exactitud a las ciudades de Ayacucho, San Martín, e, inclusive, a Lima ─ en los lugares de la Plaza de Armas, Plaza San Martín, Gamarra, etc. ─), diciéndoles que en tales sitios, por motivo de las fiestas navideñas, los turistas suelen ser timados y asaltados por la tira de anormales que pulula por aquellas calles. Aquel problema peca de ser cierto y persistente todo el año, sea navidad, año nuevo, o fiestas patrias, o hasta cualquier fin de semana en que se salga a caminar por esos sitios; y no interesa a nadie (ni siquiera al delincuente) si eres gringo o chino, o cholo, o africano, etc. Aquel problema es persistente para todos.
HOY EN DÍA, domingo trece de setiembre del 2009, ya no estamos en ninguna fecha de festividades magnas (ya no es navidad ni año nuevo, y ni siquiera alguna fecha en especial en que se tenga algún motivo magro para celebrar), y sin embargo aquellos sitios siguen siendo el punto clave y predilecto para potenciales delincuentes, a la hora de escoger en dónde realizar sus fechorías. Ayer nomás, en pleno día, cogotearon a un turista en la avenida Tacna. Luego de unas horas, por lo menos se le pudo capturar a un par de delincuentes que participaron en el robo. No se pudo recobrar un solo dólar de lo sustraído por los asaltantes, solamente un celular que no tenía chip. Y los delincuentes, que aceptaron ser autores del agravio, luego de un ligero hostigamiento policial, tan sólo fueron recluidos unas horas en el calabozo (sólo hasta las once y media de la noche de ese mismo día para ser exactos). Y no pasó nada.
Esto, simplemente, se parece mucho a lo que pasa con cualquier persona en nuestro suelo. Siendo un extranjero o nacional. Pero contando con las distinciones relevantes, para ver en los enfoques económico-sociales de niveles macro y micro, nuestra tan mentada y dura lex tendría que brindar mayores garantías a los extranjeros más que nada; puesto que la empresa del turismo en realidad encaja como una de las fuentes principales de divisas. Muchas veces nuestro tan citado crecimiento se ha debido a ello. Y por eso mismo ─ atendiendo a que si bien por tales actos (robos, timos, narcoterrorismo, etc.), no se han ido reduciendo relevantemente ─, se debiera de hacer algo para asegurar, al menos, la señera permanencia de la cifra de turistas ingresantes al Perú. Porque, de hecho, frente a una medida innovativa como ésta, en el presente, no tendríamos manera de evitar disminución alguna de afluencia de turismo en nuestro suelo. Y más aún, si de repente otros países se tomaran esas mismas precauciones con su gente, ya estaríamos ante una gran disminución del flujo, que de hecho obligaría a muchos a pensar en una grieta insoslayable cuando no difícil de paliar.
En la misma Cuba de Fidel Castro, existen varias leyes que castigan muy severamente a las personas que delinquen contra los turistas. Ahí, de hecho, tienen de manera clara y contundente la finalidad de proteger la forma principal de sus ingresos relevantes. Por lo demás, la rigidez de su sistema sirve para asegurar la integridad de sus foráneos visitantes, que de hecho desde siempre miran dicha isla como un buen paraje para disfrutar, y qué mejor si es un lugar en donde cuentan con seguridad constante, puesto que para asaltar a algún turista se tendría que pensar bastante en recibir alguna pena rígida.
En el Perú nos hacen falta dichas garantías; puesto que si las hubiera, nunca habrían llegado a tal extremo de tacharse a tales zonas como de alto índice de riesgo (tanto así como para recomendarle a sus viajantes, no pisarlas ni de broma). No tendríamos una señera marca adicional. Una desventaja más que se aglomera al cúmulo de desventajas por doquier alrededor del mundo; porque, de hecho, desde luego no son pocas las naciones en donde se nos mira mal, porque tan sólo el simple hecho de portar la nacionalidad peruana te hace acreedor a ser considerado como un mal sujeto. Y es que, de verdad ─ aunque de hecho es lamentable ─, tienen su razón de ser esos temores. Pues, de hecho, ya hace mucho tiempo, buena parte de personas lumpen (una gran parte de peruanos, desde luego que no todos) cruzan la frontera y se establecen en diversas partes, no dejando sin embargo sus costumbres bajas en la tierra en que nacieron. Muy por el contrario, reconstruyen su barriada y hacen, nuevamente, las seriales idioteces de crear sus propias grescas entre barrios, pandillaje, asaltos y demás conductas anormales que en el extranjero, ciertamente, se ven mal. Esto último, ya cuadra en un problema concerniente a la labor educativa, que por demás está decir que en el Perú no desarrolla un plan idóneo y mucho menos a la par con la cultura, pues el Ministerio de Cultura no ha existido nunca y va a existir jamás.
Por lo pronto, una adecuada garantía en cuanto a la severidad de pena en los delitos, cuando los dañados fueran los turistas, no estaría mal. Puesto que para cambiar la idiosincrasia de la gente de esos sitios (y que, en general, la delincuencia disminuya), haría más falta una estrategia a largo plazo, lo cual implicaría economía, sociedad y educación al mismo tiempo. Eso, la verdad, es mucho tiempo. Hasta cuando al menos disminuya aquello en un pequeño 0.0001%, casi nadie ya querrá venir al Perú. Cuando menos hay que asegurarnos, desde ahora, que el ingreso del turismo se mantenga como siempre. Puesto que si andamos, por ejemplo, haciendo promoción a los parajes de la selva, deberíamos tomar en cuenta que el bajón que tuvo en esa escala de “Las siete maravillas naturales” es directa y sola consecuencia de los asaltantes de turistas ─ que hace poco vio la luz, y desde luego que dejó de ser usualmente ignorado, por haber chocado con la embarcación en donde iba un conocido chef peruano ─. Eso, pues, también sería el comienzo del desmedro.
Lima, setiembre del 2009.
HACE YA COMO OCHO MESES ATRÁS se vio con mucha gracia y sobresalto, que una nueva institución de los Estados Unidos de Norteamérica, ante la inminente afluencia de turistas, provenientes de su patria a nuestro suelo, en época de navidad y de año nuevo, había recomendado no viajar a ciertos puntos (o con más exactitud a las ciudades de Ayacucho, San Martín, e, inclusive, a Lima ─ en los lugares de la Plaza de Armas, Plaza San Martín, Gamarra, etc. ─), diciéndoles que en tales sitios, por motivo de las fiestas navideñas, los turistas suelen ser timados y asaltados por la tira de anormales que pulula por aquellas calles. Aquel problema peca de ser cierto y persistente todo el año, sea navidad, año nuevo, o fiestas patrias, o hasta cualquier fin de semana en que se salga a caminar por esos sitios; y no interesa a nadie (ni siquiera al delincuente) si eres gringo o chino, o cholo, o africano, etc. Aquel problema es persistente para todos.
HOY EN DÍA, domingo trece de setiembre del 2009, ya no estamos en ninguna fecha de festividades magnas (ya no es navidad ni año nuevo, y ni siquiera alguna fecha en especial en que se tenga algún motivo magro para celebrar), y sin embargo aquellos sitios siguen siendo el punto clave y predilecto para potenciales delincuentes, a la hora de escoger en dónde realizar sus fechorías. Ayer nomás, en pleno día, cogotearon a un turista en la avenida Tacna. Luego de unas horas, por lo menos se le pudo capturar a un par de delincuentes que participaron en el robo. No se pudo recobrar un solo dólar de lo sustraído por los asaltantes, solamente un celular que no tenía chip. Y los delincuentes, que aceptaron ser autores del agravio, luego de un ligero hostigamiento policial, tan sólo fueron recluidos unas horas en el calabozo (sólo hasta las once y media de la noche de ese mismo día para ser exactos). Y no pasó nada.
Esto, simplemente, se parece mucho a lo que pasa con cualquier persona en nuestro suelo. Siendo un extranjero o nacional. Pero contando con las distinciones relevantes, para ver en los enfoques económico-sociales de niveles macro y micro, nuestra tan mentada y dura lex tendría que brindar mayores garantías a los extranjeros más que nada; puesto que la empresa del turismo en realidad encaja como una de las fuentes principales de divisas. Muchas veces nuestro tan citado crecimiento se ha debido a ello. Y por eso mismo ─ atendiendo a que si bien por tales actos (robos, timos, narcoterrorismo, etc.), no se han ido reduciendo relevantemente ─, se debiera de hacer algo para asegurar, al menos, la señera permanencia de la cifra de turistas ingresantes al Perú. Porque, de hecho, frente a una medida innovativa como ésta, en el presente, no tendríamos manera de evitar disminución alguna de afluencia de turismo en nuestro suelo. Y más aún, si de repente otros países se tomaran esas mismas precauciones con su gente, ya estaríamos ante una gran disminución del flujo, que de hecho obligaría a muchos a pensar en una grieta insoslayable cuando no difícil de paliar.
En la misma Cuba de Fidel Castro, existen varias leyes que castigan muy severamente a las personas que delinquen contra los turistas. Ahí, de hecho, tienen de manera clara y contundente la finalidad de proteger la forma principal de sus ingresos relevantes. Por lo demás, la rigidez de su sistema sirve para asegurar la integridad de sus foráneos visitantes, que de hecho desde siempre miran dicha isla como un buen paraje para disfrutar, y qué mejor si es un lugar en donde cuentan con seguridad constante, puesto que para asaltar a algún turista se tendría que pensar bastante en recibir alguna pena rígida.
En el Perú nos hacen falta dichas garantías; puesto que si las hubiera, nunca habrían llegado a tal extremo de tacharse a tales zonas como de alto índice de riesgo (tanto así como para recomendarle a sus viajantes, no pisarlas ni de broma). No tendríamos una señera marca adicional. Una desventaja más que se aglomera al cúmulo de desventajas por doquier alrededor del mundo; porque, de hecho, desde luego no son pocas las naciones en donde se nos mira mal, porque tan sólo el simple hecho de portar la nacionalidad peruana te hace acreedor a ser considerado como un mal sujeto. Y es que, de verdad ─ aunque de hecho es lamentable ─, tienen su razón de ser esos temores. Pues, de hecho, ya hace mucho tiempo, buena parte de personas lumpen (una gran parte de peruanos, desde luego que no todos) cruzan la frontera y se establecen en diversas partes, no dejando sin embargo sus costumbres bajas en la tierra en que nacieron. Muy por el contrario, reconstruyen su barriada y hacen, nuevamente, las seriales idioteces de crear sus propias grescas entre barrios, pandillaje, asaltos y demás conductas anormales que en el extranjero, ciertamente, se ven mal. Esto último, ya cuadra en un problema concerniente a la labor educativa, que por demás está decir que en el Perú no desarrolla un plan idóneo y mucho menos a la par con la cultura, pues el Ministerio de Cultura no ha existido nunca y va a existir jamás.
Por lo pronto, una adecuada garantía en cuanto a la severidad de pena en los delitos, cuando los dañados fueran los turistas, no estaría mal. Puesto que para cambiar la idiosincrasia de la gente de esos sitios (y que, en general, la delincuencia disminuya), haría más falta una estrategia a largo plazo, lo cual implicaría economía, sociedad y educación al mismo tiempo. Eso, la verdad, es mucho tiempo. Hasta cuando al menos disminuya aquello en un pequeño 0.0001%, casi nadie ya querrá venir al Perú. Cuando menos hay que asegurarnos, desde ahora, que el ingreso del turismo se mantenga como siempre. Puesto que si andamos, por ejemplo, haciendo promoción a los parajes de la selva, deberíamos tomar en cuenta que el bajón que tuvo en esa escala de “Las siete maravillas naturales” es directa y sola consecuencia de los asaltantes de turistas ─ que hace poco vio la luz, y desde luego que dejó de ser usualmente ignorado, por haber chocado con la embarcación en donde iba un conocido chef peruano ─. Eso, pues, también sería el comienzo del desmedro.
Lima, setiembre del 2009.
2 comentarios:
La vedad es que si continuamos de ese modo haciendo caso omiso a la necesidad de proteger las fuentes de divisas principales, vamos a acabar retrocediendo en lo muy poco que se ha logrado. Cómo es que se puede promocionar algo que, desde luego en un momento y en base a la misma gente se va a desprestigiar. Debe haber más fuerza en la penalidad para todo sentido. Saludos.
Ni los POLICIAS HACEN NADA CUANDO ven lo que los delincuentes hacen, estos se limitan a decir tan solo que no pasen por ahi y nada mas no ponen ni orden.....y a los gringos los abordan los bricheros y ladrones a su vista y pasiencia
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